Ya no quiero leer más historias de partos tristes en los blogs.

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parto violencia obstétrica

Hace unos días leía en las redes otro artículo de un parto triste.

Se titulaba “La (no) sorprendente historia de mi parto no respetado”. Escrito por Diana Oliver, nos contaba el nacimiento de su hija.

Me emocioné leyendo cómo se sentía Diana:

La conclusión que me queda de esto es que, si repito la experiencia, no quiero volver a vivir lo mismo. No quiero arriesgarme a que me vuelvan a decir que no puedo hacerlo, ni a sentir aquel miedo horrible que me provocaron todas y cada una de aquellas personas que demostraron desconocer el significado de la palabra empatía. No quiero vivir de nuevo un parto no respetado.

Es otra historia más de un parto robado, otra más entre las muchas que inundan los blogs de mujeres en nuestro país.

Al final, las blogueras siempre terminamos contando nuestros partos.

Da igual si nos dedicamos al mundo de la maternidad o no. Llega un momento en el que, si tienes un espacio propio para escribir, lo acabas haciendo.

Las palabras de Diana me dolieron igual que las de otras mujeres que han narrado el nacimiento no respetado de sus hijos. Me dolieron tanto como las historias que me cuentan las mujeres que me escriben pidiendo ayuda o consejo.

La violencia obstétrica me duele. Muy profundamente.

Aún retumban en mi mente las palabras de Graci Ariza en el relato del parto de su primer hijo:

Cuando mi marido y mi suegra entraron de nuevo a la habitación me encontraron temblando como un flan y llorando. Fue una experiencia totalmente horrible, más tarde mi marido me contó que cuando entró yo estaba como si me hubieran violado y es que fue así exactamente como yo me sentí.

Aún recuerdo la frase del artículo de Laia Simón, del blog de Mater Animam, titulado “Mi primera vez” 

Tardaré algunos años en relatar mi primer parto sin ponerme a llorar. Y no precisamente de felicidad, sino de angustia, de impotencia y rabia por no haber sido bien tratada.
No quiero juzgar aquí los pasos que siguieron los profesionales sanitarios, aunque sé que muchas personas los criticarán.
Mi pena, mi duelo personal, fue por el trato recibido y han tenido que pasar 6 años para que me atreva a escribirlo.

partos tristes

Y aún siento los escalofríos y el miedo  de Irene García Perulero cuando nos contó su experiencia en su doloroso artículo “El parto”:

En aquel quirófano me quedé desnuda
temblando de frío
los brazos atados en cruz
con el cuerpo muerto del cuello hacia abajo.
Mi hija nacía de mi vientre abierto
y yo estaba desnuda en aquel quirófano
helada de miedo…

Mientras escribo este post me preparo para acudir al curso de Agentes de Salud de Base Comunitaria que imparte el Departamento de Salud Pública en la Comunidad Valenciana.

En este curso se nos insiste, prácticamente en cada clase, en que tengamos claro y transmitamos cuál es el concepto real de salud, muy apartado del típico ausencia de enfermedad.

Salud, para la OMS es:

Un estado de completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Sin duda alguna, con esta definición tan básica es muy fácil entender que sentir que has sufrido una violación, maltrato o un miedo horrible en un momento determinado de tu vida va a afectar a tu salud, presente y futura.

El parto es quizás uno de los momentos más vulnerables de tu vida.

En el curso está muy presente la violencia de género como factor determinante de la salud de las mujeres. Sin embargo aún no he oído nada respecto de la violencia obstétrica, salvo lo que he dicho yo en las clases.

Este tipo de violencia de género, la violencia obstétrica, de la que nadie quiere hablar salvo sus supervivientes (como hacen en sus blogs) está afectando a la salud de un gran sector de la población femenina.

Muchas madres, muchas mujeres en nuestro país, están enfermas y heridas de parto.

violencia obstétrica

Siguen enfermas muchos años después del nacimiento de sus hijos, soportando un duelo personal, depresiones no entendidas o diagnosticadas y sentimientos de ira, rabia o impotencia. Y siguen sufriendo todas las consecuencias que ello genera a nivel físico, mental, familiar, laboral, social, sentimental y sexual.

Esto no es salud. Como mujer, superviviente, profesional y futura Agente de Salud, me consta y debo transmitirlo así.

No quiero leer más historias de partos tristes en blogs. Me cuesta mucho leerlas.

Quiero leer historias como la de Hana Kanjaa, quien hace tiempo nos emocionaba contándonos el nacimiento de su segunda hija.

Su artículo se tituló Érase una vez… Shirah.

Érase Una Vez…Sirah.

Tengo mucho que agradecer a Hana Kanjaa. Es una mujer increíble, y compartir con sus lectores el parto de su hija me pareció muy útil y generoso por su parte.

No me voy a centrar en la atención hospitalaria, no le voy a dedicar ni un segundo porque incluso Hana la describe como momentazos y es una historia que le pertenece solo a ella. Me centro en sus sentimientos, en su alegría, en lo que toda mujer, cada a una a su manera y con las circunstancias propias de su parto, debería sentir:

Los siguientes momentos fueron un compendio inigualable de emoción desbordada, de curiosidad, de sorpresa, de descubrimiento, de tranquilidad, de conexión, de amor. La cogí entre mis brazos con sensación de incredulidad. Solo tres horas antes había salido de ese hospital “sin estar de parto” y ahora la tenía conmigo, la otra personita más importante de mi vida, nada más y nada menos.

Y ahí mismo, en la pequeña sala de exploración, Sirah y yo empezamos a conocernos un poco más, a conectar a otro nivel, piel con piel, disfrutando de ese olor tan especial y único de personita recién estrenada en la vida. Con esa huella de plenitud total que te deja la sensación de que acabas de realizar el trabajo más primario y esencial que puede llevar a cabo un ser humano. Poderío hasta decir basta.

Cuando subimos a la habitación, totalmente extasiada, reflexioné sobre lo maravilloso que había sido vivir otro parto libre y respetado, con la experiencia del primero, pero con el mismo grado de sorpresa, emoción, confianza y fascinación en estado puro.”

La comparación entre los relatos del principio y este impresiona y te puede ayudar a hacerte una idea de lo que implica ser una mujer saludable tras el parto.

Puedes ver la diferencia entre lo que es disfrutar de ese “bienestar físico, mental y social” del que nos habla tanto la OMS…y lo que no.

Quiero salud en mi sociedad. Y quiero salud en mis congéneres.

No voy a dejar de trabajar para conseguirla. No dejes de luchar tú tampoco, por favor.

Nos vemos por las redes.♥

Lorena Moncholí. Abogada nº14084 del ICAV

Imágenes: Freepik y Flickr.com

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