El pasado octubre viajé con mi hija bebé a Barcelona para asistir al II Congreso Internacional Género, Ética y Cuidado. Qué ganas de saber la actualidad del panorama sanitario en torno al nacimiento y ver cómo estaba cambiando. Íbamos con ilusión de conocer los adelantos. Qué decepción al encontrarme con compañeros que seguían manteniendo un léxico anticuado con frases del tipo "por su bien". Todas las profesionales presentes nos creíamos con la suficiente sensibilidad como para estar a la altura en la atención a la mujer embarazada y con las actuaciones que llevábamos a cabo para dar la bienvenida al bebé... Hasta que llegó Lorena, e hizo que todos nuestros cimientos de información y formación, de praxis cotidiana, se tambaleasen.
Fuerte, tajante y serena, Lorena no vaciló en defender los derechos de las mujeres y sobre todo de los niños.
Nos dio toda una lección de conocimiento.
Nuestras vendas cayeron de los ojos, juzgamos nuestras actuaciones, nos hizo colocarnos en nuestra posición: profesionales al cuidado de las personas.
Nos habló clara y amorosamente de "la violencia obstétrica", la no nombrada, y es que por no tener nombre, no significa que no esté ocurriendo.
Nos removió, vaya que nos removió, ella sólo nos hizo de espejo, nos presentó cifras y objetivos no cumplidos, nos remitió a leyes y proyectos, a estrategias de atención al parto en nuestro país, nos lo puso delante de nuestros ojos para defender a "los indefensos" pues esa es su profesión, "la Guardiana de los niños", es un Ángel de la Guarda.